viernes, 15 de junio de 2012

Danza de los negritos

La Danza de los Negritos se encuentra muy arraigada en los pueblos Totonacas de la Sierra Madre Oriental (México); en ella se unen elementos de la cultura andaluz e indígena, aunque es la africana de la que más se nutre, pues...


Cuenta la leyenda que un día, una víbora mordió al hijo de una esclava negra –una de los muchos africanos que se dedicaban al cultivo de la caña en la región Totonaca-.
Ella, siguiendo los ritos de sus ancestros, aprisionó a la víbora y llevó al niño con los otros negros. Con la víbora sujetada fuertemente por la cabeza hicieron una ceremonia en torno al lesionado esperando que por un milagro se aliviara. Esta ceremonia consistió en bailes, gritos e invocaciones alrededor del niño enfermo.
Los Totonacas contemplaron aquella escena asombrados, poniendo atención en cada uno de los movimientos, voces y palabras que los esclavos recitaban. Con el tiempo los indígenas no solo reprodujeron aquella escena, sino que la perfeccionaron convirtiéndola en una danza bien organizada y en un ritual mágico para la fertilidad de los campos, en el que la serpiente (de madera) representa a la Madre Tierra.
La danza se integra normalmente por doce individuos: un caporal, una Maringuilla (la representación de la Madre Tierra, interpretada por un hombre), un subcaporal, un Pilatos o bufón y el resto lo forman ayudantes. La coreografía incluye un taconeo rápido y vigoroso que se acompaña con castañuelas; en ocasiones, incluye el trenzado de cintas de colores alrededor de un poste, gracias a los movimientos de los danzantes que portan el extremo libre de las cintas.

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